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Cupido, el dios del deseo del amor

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Cupido es el dios romano del deseo del amor. Nació de la diosa del amor, llamada Venus, y del dios de la guerra, Marte. Eros es su homólogo en la mitología griega.

Por lo general, Cupido es presentado como un niño con alas que tiene los ojos vendados y siempre va armado de un arco, flechas y una aljaba. 

¿Qué hace Cupido?

Hay quienes confunden a Cupido con el poder sobre el amor que tiene su madre. Pero en realidad cada uno cuenta con una responsabilidad diferente sobre una de las fuerzas que ha acompañado la existencia, incluso desde antes de su comienzo, cuando todo era caos.

Cupido está encargado del deseo del amor, mientras que Venus es la diosa del amor en sí. De hecho, la palabra ‘Cupido’ quiere decir en latín “Deseo”. Incluso cuenta con derivaciones a través de otros vocablos como:

  • ‘Cupiditas’, que hace referencia a las ansias, al deseo vehemente, la pasión o el apetito.
  • ‘Cupidus’, que hace alusión a lo deseoso, lo ansiado, lo apasionado, al que ama o el que desea con pasión.  

Cupido en la mitología

Cupido en la mitología romana guarda un especial significado que en nuestros días es aplicado en general para las relaciones amorosas.

Cuando su madre veía que no crecía decidió consultar con el Oráculo de Temis y descubrió que “el amor no puede crecer sin pasión”. Al principio fueron confusas sus explicaciones, pero cuando nació el hermano de Cupido, Anteros, todo cobró sentido.

Anteros era el dios del amor correspondido, también concebido como la pasión, y si bien el amor antecede a la pasión siempre, ambos no necesariamente terminan unidos.

Cuando el niño anda solo es indicio de que pasará muy rápido, sin fijarse en si la persona a quien se dirige cuenta con el mérito o no de ese deseo de amor. Pero cuando anda con Anteros, este termina transformándose en un joven para dejar de lado ser solo travieso y ciego. 

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El dios del amor y del matrimonio

La relación del dios del deseo del amor con el dios de la pasión no es la única que tiene Cupido, pues encontramos la que presenta con el dios del matrimonio, Himeneo.

Este último nació de la relación de Venus con Baco y se le representa siempre con una antorcha en alusión a que el amor es el encargado de avivar la pasión dentro del matrimonio. 

Una de sus grandes leyendas

Las actividades del dios del deseo del amor no solo se limitaban a ser un mero acompañante. También contaba con leyendas propias que hacían alusión al poder tan especial que tenía.

El niño estaba enamorado de la diosa Diana, pero ella lo despreciaba. Fue así como tomó una de sus flechas para enamorarla. Lamentablemente, cuando ella logró esquivar la flecha llegó a Ninfea.

La ninfa jamás había experimentado el sentimiento del deseo del amor y sentía un ardor que la consumía. Era un deseo ciego, por lo que empezó a maldecir las leyes y se quejó del yugo bajo el cual estaba esclavizada. Intentó arrancar la flecha, sin éxito alguno.

Herida de amor, corrió al bosque, lanzando gemidos y clamando ayuda. Entre lágrimas terminó ahogada y cuando la encontraron Diana castigó su destino, manteniendo su cuerpo inerte sobre el agua para siempre y convirtiéndola en una flor de nenúfar. 

De ahí que esta planta tenga el poder de calmar los sentimientos del deseo y de evitar entregarse. Desde ese momento, ninguna otra ninfa temió el poder de Cupido, pues aquel nenúfar sacrificado las protegería de los ataques del amor. 

Poderes de Cupido

El dios del deseo amoroso contaba con un poder único que, no solo lo separaba de los mortales, sino también de otras deidades romanas. 

Ni Venus podía ser inmune al golpe de sus flechas. De hecho, entre sus hazañas se cuenta cómo logró que Tetis obtuviera el perdón del propio Júpiter el día que se casaría con Peleo, consiguiendo que fuese admitido entre los dioses patricios.

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Cupido en el arte y la cultura

El mito de Cupido se ha extendido en la cultura desde sus comienzos hasta nuestros tiempos. Aparece en obras de Virgilio como hijo de Venus, aparece en el Quijote de Cervantes para describirse como un dios poderoso, envalentonado y omnipotente que sería capaz de hacer lo que quisiese siempre, hasta lo imposible. 

En otras muestras artísticas, Cupido y el amor tienen presencia de forma clara, tal y como sucede en la obra de Vigée-Lebrun, en la que se ve al príncipe Henry Lubomirski transformado en este sentimiento. También está representado en la pintura del Museo Fabre, creada por Alessandro Allori y en la que aparece junto a su madre, Venus. 

Cupido: la leyenda

La leyenda del dios del deseo del amor tiene diferentes versiones en su origen. Si bien la versión más aceptada es la de que surgió del amor entre Venus y Marte, proveniente de la fuente Simónides de Ceos, hay autores como Séneca que señalan que es fruto de Venus y Vulcano

Luego, en el tercer libro de ‘De natura Deorum’, este dios es considerado fruto de la Noche y de Erebo. Además, también se cuenta con la versión de que es hijo de Júpiter y de Venus.

Sobre el lugar donde nació se dice que sucedió en un bosque de Chipre porque su madre, Venus, tuvo que ocultarlo y dejar que las fieras lo amamantaran. La razón del temor de la diosa sería luego parte del mito de su propio hijo.

El mito de Cupido

Venus quería ocultar a Cupido de Júpiter en la mitología romana porque el pequeño haría mucho mal al Universo. Fue así como el destino procuró que el niño se mantuviera con vida, creciendo tan hermoso como su mamá y tan audaz como su papá. 

Su desarrollo tuvo lugar en medio del bosque, y con un ciprés y un fresno fabricó su arco y flechas. Con el tiempo, al ver su destreza, Venus le hizo un arco de oro con dos tipos de flecha. Unas tenían punta dorada y eran para conceder el amor. Las otras eran de plomo y sembraban el olvido y la ingratitud en el corazón objetivo.