La historia de Vulcano: fuego, forja y redención divina
Vulcano era el dios romano del fuego y la forja, maestro de la metalurgia y la artesanía y patrono de los artesanos y herreros. Conocido como el más feo de los dioses, era una deidad muy importante del panteón romano, por ser uno de los miembros del consejo de dioses - Dii Consentes. Su equivalente en la mitología griega es el dios Hefesto.
Para los romanos, Vulcano representa la faceta fértil, creativa y, sin embargo, potencialmente nociva y destructiva del fuego. Se le veneraba como maestro metalúrgico y artesano, creador de las mejores armaduras, armas, joyas y cualquier otro objeto forjado en fuego, pero se le temía y se buscaba apaciguar, pues sus abrasadores fuegos podían quemar y destruir bosques, hogares y cosechas.
El santuario más antiguo de Vulcano en Roma se llamaba Vulcanal. Estaba ubicado al pie del Monte Capitolino, en el Foro Romano. Se creía que había sido construido por el rey Tito Tacio alrededor del siglo VIII a. C. Los romanos creían que un templo dedicado al dios Vulcano debía estar fuera de las murallas de la ciudad, ya que el fuego podría ser peligroso.
En Roma, cada 23 de agosto se celebraba la Vulcanalia, el festival de Vulcano. En todo el imperio romano se encendían grandes hogueras en el exterior de los asentamientos y se arrojaban peces y pequeños animales vivos a las llamas como sacrificio al dios del fuego.
Los romanos creían que, si honraban a Vulcano al final de la temporada de cosecha, el período en que el grano almacenado corría mayor riesgo de incendio, podían apaciguarlo y prevenir los voraces incendios.

Nacimiento en el monte Olimpo
Vulcano era hijo de Júpiter, el rey de los dioses, y Juno, su reina. Su madre esperaba que fuera muy apuesto, como los otros hijos de Júpiter, pero al nacer, era pequeño, feo y lloraba a gritos. Juno se enojó tanto que lo arrojó desde lo alto del Olimpo.
El pequeño e indefenso Vulcano cayó durante un día y una noche enteros, hasta que finalmente aterrizó en el mar. Lamentablemente, se rompió una pierna durante tal odisea, la cual jamás sanó todo. Se hundió hasta el fondo del océano, donde una bondadosa ninfa marina llamada Tetis lo encontró. Lo llevó a su cueva y lo crio como a su propio hijo.
Vulcano descubre el fuego y metalurgia
A pesar de haber sido desterrado del monte Olimpo por su propia madre, Vulcano tuvo una infancia feliz, jugando con peces, delfines y perlas. En cierta ocasión, encontró los restos de una fogata hecha por un pescador en la playa. Quedó maravillado al ver el carbón al rojo vivo.
Vulcano metió cuidadosamente el carbón en una concha marina y lo llevó a su cueva. Hizo fuego con él. Durante largas horas, observó las llamas. Al día siguiente, aprendió que, si aumentaba la temperatura del fuego con fuelles, de algunas piedras brotaba hierro, oro o plata.
Al tercer día, comenzó a aprender el arte de la forja, calentaba el metal y lo martillaba hasta darle la forma que deseaba, hizo cadenas, escudos, espadas, puntas de flechas y brazaletes. Incluso fabricó un hermoso cuchillo con mango de madreperla como regalo para su madre adoptiva, la ninfa Tetis. También creó esclavas de oro para que lo ayudarán en los trabajos de fundición y forja.

Regreso al Olimpo y matrimonio con Venus
En cierta ocasión Tetis fue invitada a una cena en el Monte Olimpo, llegó luciendo un hermoso collar de plata y zafiros había fabricado Vulcano. Juno lo observó y quedó asombrada y le preguntó a la ninfa dónde lo había conseguido. Tetis se puso nerviosa, y la diosa pronto descubrió la verdad: su hijo vulcano, al que había rechazado, era ahora un herrero muy talentoso.
Juno, furiosa, exigió a su hijo que regresara al Monte Olimpo. Vulcano se negó a aceptar tal petición, enviando en su lugar una hermosa silla de plata y oro, como regalo para su madre. Cuando Juno se sentó, ¡unos resortes ocultos la atraparon! La silla tenía oculto un mecanismo muy ingenioso, que ninguno de los dioses puedo abrir.
Para poder rescatar a su esposa, Júpiter, dios de dioses, le prometió a Vulcano que, si liberaba a Juno, podría escoger la mujer que él deseara para casarse. El dios del fuego aceptó la oferta, liberó a Juno y escogió a Venus, la diosa del amor y la belleza, como esposa.
El matrimonio se realizó, pero Venus no amaba a Vulcano, estaba enamorada de Marte, dios de la guerra, con quien mantenía un romance secreto. Helios el dios sol, en uno de sus recorridos diarios por el cielo, descubrió a la pareja de amantes y le reveló a vulcano la traición de su esposa.
Para vengar esta traición Vulcano forjó una red invisible y la colocó alrededor de la cama de su esposa. Cuando Venus recibió a Marte en su lecho, ambos quedaron atrapados. Vulcano invitó a todos los dioses al dormitorio de Venus para que vieran a la pareja de amantes. Los dioses divertidos con lo ocurrido, rieron prolongadamente.
Posteriormente, Vulcano construyó su taller bajo el monte Etna, en Sicilia. Se decía que cada vez que Venus le era infiel, Vulcano se enfurecía. Golpeaba el metal al rojo vivo con tanta fuerza que de la montaña escupía humo y fuego, provocando una erupción volcánica.
