La relación entre Diana y la caza en la mitología romana
En la mitología romana, Diana era la diosa de la caza, la naturaleza y la luna. Se le consideraba como la protectora de los bosques y las criaturas que los habitaban. Por ello, se le asociaba con las ninfas y los animales silvestres, especialmente con los ciervos. Los romanos creían que Diana podía hablar con los animales y hacer que le obedecieran.
Algunos aspectos del culto romano a Diana fueron tomados del culto a la diosa Artemisa, diosa griega de la caza, el parto y la virginidad. En Roma, sin embargo, Diana tenía una personalidad propia y distinta, separada de la diosa Artemisa.
Diana era venerada principalmente como diosa cazadora. La mayor parte de sus imágenes la muestran ataviada con túnicas cortas diseñadas para permitirle moverse con rapidez. Las representaciones de la diosa la muestran generalmente en plena cacería, acompañada de perros o ciervos. A menudo se la representa portando un arco y un carcaj de flechas.
A la par de su faceta de cazadora, Diana era la guardiana de las mujeres, especialmente de las vírgenes. Contrariamente, también se le consideraba como diosa de la fertilidad, benefactora del parto y protectora de los niños. Diana también estaba asociada con el inframundo y las zonas liminales, límites que separaban a los vivos de los muertos y lo salvaje de lo civilizado.
Doncella de por vida, Diana preservó su virginidad a pesar de las insinuaciones de posibles amantes y pretendientes. Junto a Minerva y Vesta, conformaba el grupo de las tres diosas doncellas del panteón romano.
Diana ocupó un lugar muy destacado en las creencias y prácticas religiosas en la antigua Roma y se convirtió en símbolo de fuerza femenina, independencia y conexión con la naturaleza. Su influencia trascendió la mitología y abarcó diversos aspectos de la cultura, el arte y la literatura.

El nacimiento de Diana y de su culto
Diana era hija de Júpiter, rey de los dioses romanos, y Latona, su amante, una titánide a la que se relacionaba con la modestia y la maternidad. Cuando Juno, la esposa de Júpiter y reina de dioses y diosas del panteón romano, se enteró de que Latona estaba embarazada, colmó en cólera y le prohibió parir en cualquier lugar del cielo y tierra. Debido a ello, Latona dio a luz a Diana y a Apolo, su hermano gemelo, en Delos, una isla que, según las antiguas creencias, flotaba entre el cielo y la tierra.
El culto se remonta a las antiguas ciudades que conformaban la Liga Latina. En Aricia, se la conocía como Diana Nemorensis o Diana del Bosque. Los aricianos construyeron un templo en honor a la diosa en una amplia zona boscosa con vistas al lago Nemi, conocido como el espejo de Diana, por su capacidad para reflejar la luna.
Entre los primeros adoradores de Diana se encontraban varios emperadores romanos, cuyas visitas al lugar quedaron registradas en inscripciones dedicatorias del templo de la diosa. En Roma, el cuto a Diana se extendió desde el siglo VI a. C. hasta el siglo II d. C. aproximadamente.
Su templo era utilizado también como un importante punto de encuentro político, ya que se consideraba un bien común. Es decir, servía como lugar donde todos podían acudir a orar y hacer ofrendas. Todos eran iguales, y era un buen lugar para debatir sobre temas relacionados con el parto y la fertilidad en general.
Diosa de la caza
El culto a Diana se centraba en su asociación con la caza. Sus seguidores adquirían los conocimientos y las habilidades necesarias para convertirse en cazadores eficaces. Tenían un profundo conocimiento sobre los animales salvajes y domésticos, así como de la naturaleza en general.
Diana encarnaba el espíritu de la naturaleza y la destreza de la caza, por ello, tanto hombres como mujeres de Roma le rezaban para tener una cacería exitosa. La caza era el deporte más popular en la antigua Roma, por lo que ser la diosa de este deporte muestra la importancia de Diana en el panteón romano.
El dominio de esta deidad se extendía más allá de la caza, abarcando la naturaleza, por lo que era considerada como la protectora de las criaturas del bosque. El rey del bosque, rex nemorensis, era el sumo sacerdote del culto a Diana.

Una triple diosa
Los romanos consideraban a Diana como diosa de la caza, diosa de la luna y diosa del camino al inframundo. Diana triformis representa a las tres diosas diferentes en conjunto. El nombre Diana se referiría a ella como la diosa cazadora, Luna hace referencia a ella como la diosa del cuerpo celeste, mientras que Hécate se usaba para referirse a la diosa como Diana del inframundo.
Los romanos solían representarla como una deidad lunar, con una corona que representa una luna creciente. De hecho, su nombre se deriva del latín "diosa de la luz y de la luna", los cazadores creían que Diana guiaba su camino con la luz de su luna.
En los poemas de Ovidio, el más grande poeta romano, su nombre sustituye a la palabra luna, lo que muestra su estrecha relación con este cuerpo celeste. Las fases de la luna también están relacionadas con Diana. Cada luna nueva simboliza el viaje mensual de Diana – Hécate al inframundo, y el ciclo lunar cambiante representa el ciclo de la vida y la muerte.
